Aquí presento el penúltimo relato de esta serie, últimamente entre pitos y flautas no doy escrito nada, y lo que hago lo hago tarde y está poco inspirado, supongo que mi musa estará de bacas flacas por estar yo liado en otras cosas, pero todavía tengo la esperanza de que vuelva a mi lado y siga disfrutando con esto de escrivir.
EL PATRÓN
El viaje de regreso fue muy diferente al de la llegada, Ismael no se mareó ni un poco, pues todo el viaje lo pasó mirando fijamente, tan concentrado estaba en sus pensamientos, que sólo se salió del trance cuando a su llegada salieron a darle la bienvenida sus tíos, volverlos a ver hizo que se olvidara del resto. Descendió lentamente de la limusina, giró la cabeza a su alrededor, y se dirigió a sus tíos en un gesto mitad saludo mitad aprobación al comprobar que todo transcurría con la normalidad acostumbrada. La habitación estaba perfectamente arreglada y lista para utilizar, el viaje había sido largo y se encontraba bastante fatigado, pero antes de echarse a dormir quería leer el parte de las incidencias ocurridas en su ausencia.
Las incidencias no eran muchas, no le llevaría mucho tiempo repasarlas y programar las acciones del día siguiente, solamente se habían producido algunos incidentes en la plaza del pueblo por las intensas lluvias de los días anteriores, la lesión del señor Jacinto en una pierna por un accidente al arar la era con el buey, y la llegada el día anterior del nuevo maestro enviado por el delegado de provincia para hacerse cargo de la pequeña escuela.
Al día siguiente las ordenes ya estaban preparadas, los desperfectos de la plaza los repararía el carpintero, se le restaría el pago del trabajo realizado por impuestos que tenía que retribuir al ayuntamiento ese año, al señor Jacinto se le enviaría una cesta con fruta y un permiso de descanso de cinco días de sus labores en el campo, y por último cenaría en el comedor del ayuntamiento con el nuevo profesor, para indicarle los horarios de las clases y los temarios que tendría que enseñar a los chiquillos del pueblo.
Mauro era el nuevo profesor, había pasado el día acomodándose a su nueva situación y visitando a las familias de sus futuros alumnos para preparar el curso que comenzaría en breve. Su sorpresa fue mayúscula cuando le llegó la invitación del alcalde, no lograba entender bien el propósito de la misma, los horarios ya estaban estipulados por ley, y el era el encargado de diseñar el temario, pero no tardaría mucho en comprender lo todo.
El alcalde durante la cena le explicaba que el pueblo tenía unas circunstancias un tanto especiales a las que tendría que adaptarse pronto si pretendía ser bien acogido, le explicaba que el pueblo dependía del campo, y que los muchachos del pueblo necesitaban ayudar a sus familias para salir adelante, por lo que los horarios de las clases se tendrían que adaptar a las jornadas de trabajo, si no las familias se verían afectadas y les costaría llegar a fin de mes, también le indicó que solamente tendría que enseñarles a leer, escribir y un poco de matemáticas básicas, pues dicha jornada laboral consumía la mayor parte del día y quedaría poco tiempo para las clases, además los muchachos necesitaban tiempo de esparcimiento para poder descansar de la fatigosa vida labriega.
El profesor no salía de su asombro, no comprendía como este pueblo, considerado uno de los mas productivos y ricos de la comarca, se veía obligado a que los niños del pueblo trabajaran como adultos en el campo y se les limitara la cultura para el cumplimiento del mismo, pero mas tarde comprendió el motivo. Delante suya, al final de la cena, le colocaron un folio donde se especificaban las condiciones que el ayuntamiento quería imponerle por permitir su residencia en el lugar. En el folio se especificaba que todos los ciudadanos del pueblo estaban obligados a pagar un impuesto al ayuntamiento que reflejaba el equivalente en efectivo al 20% de la producción de cada granja, y que el tendría que dar un mismo porcentaje de su sueldo en concepto de mantenimiento y protección como ciudadano residente, también fue informado que las comunicaciones con el exterior pasaban a través de una red centralizada desde el ayuntamiento, y que todo lo que necesitara lo tendría que solicitar por escrito con dos días de antelación.
Mauro no salía de su asombro, atónito llegó a la taberna del pueblo y tras contar lo sucedido en la cena, los compañeros de vinos le indicaron un rotundo
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Que se le va a hacer, es lo que toca y hay que apandar con ello, si el patrón dice que es la ley es por que será así y no se puede hacer nada, si se protesta solo se consiguen problemas, es mejor que el patrón se encargue de todo, tiene mundo y sabe mucho, si dice que se tiene que hacer así será que no hay otra manera de hacerse.
Mauro se preguntaba si tenía sentido todo aquello, caminaba y caminaba dándole vueltas a la cabeza pensando como afrontar el futuro, lo que le esperaba sería difícil, pero se preguntaba si tendría el valor suficiente para hacerle frente a la situación y cambiar la conciencia de la gente.
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